miércoles 28 de octubre de 2009

El hombre inmortal

- Nunca te he visto afeitarte de noche. - Celia lo miraba desde la cama con expectación. Aparentemente era una noche normal. Pero es verdad que él había saltado de la cama como un resorte para entrar al baño a afeitarse.

- Ya, siempre me afeito por la mañana, pero es que son las once y media de la noche. Dentro de 30 minutos será 15 de marzo.

- ¿Y qué pasa el 15 de marzo? ¿Por qué no esperas a que sea por la mañana, como siempre? ¿No te irás a ningún sitio?

Claro. Ella no lo sabía. Había tratado de evitar el tema durante los ocho meses que llevaban juntos. Pero ahora, que ella estaba mirándole y esperando una respuesta, no tenía más remedio que contárselo.

- Una vez tuve un sueño. Una visión del futuro.

Celia puso cara de mística. Obviamente, no tenía razones para creer que estuviera hablando completamente en serio. Parecía una broma más de las suyas. "¿Y qué pasaba en esa visión?". Seguro que se estaba aguantando la risa.

- A mí mismo. Muriendo. Era 15 de marzo.

- Vaya... - ¿tenía que creérselo, tenía que ponerse seria? - ¿Pero qué pasaba exactamente, por qué vas a morir?

- No tengo todos los detalles. Iba conduciendo, escuchando la radio, con un camión al lado... Fue tan real... No recuerdo qué coche llevaba, ni por donde iba. Sólo me quedé con la fecha, 15 de marzo. Pero no con el año.

- ¿Y por qué no te quedas en casa todo el día? Así no conducirás...

- Sabes que no puedo hacer eso - un poquito de aftershave y listo - Pero no te preocupes. No va a pasar nada. Por lo menos, no mañana.

- ¿Cómo estás tan seguro? Dentro de unas horas volverás a estar en la carretera. Y será 15 de marzo... - ya se había metido tanto en la historia que necesitaba saber hasta qué punto les llevaría la conversación.

- Eso no pasará, Celia. Porque también recuerdo otra cosa. Ese día, ese 15 de marzo. Cuando el accidente... Recuerdo que me miré en el retrovisor. ¿Sabes qué más recuerdo?

- No sé...

- Que ese día... llevaba barba.

jueves 22 de octubre de 2009

¿Quién es Samuel Nariz?

Samuel Nariz siempre había sido un desconfiado. La gente decía que era un asesino en potencia, que le gustaba hacer el mal. Nada más lejos de la realidad. El pobre Samuel tenía un problema de personalidad. Eso era todo. De poca personalidad. En el jardín de infancia le mangoneaban los juguetes, en el cole le daban collejas, y en el instituto le hacían jugar siempre de portero. Hasta que un día todo cambió. Con un arma en la mano era él quien tenía el poder. Era él quien daba las collejas. Qué más da que la gente no pensara como él, o que le miraran por encima del hombro.
Samuel Nariz, el justiciero. Se pasaba las horas delante del espejo ensayando frases célebres. Porque lo difícil de encañonar a alguien no es sostener el arma, sino decir algo ingenioso. ¿Qué cuál fue su mejor frase? Pues en realidad ninguna. Porque Samuel podía ser un tipo duro gracias a que empuñaba un arma, pero aquello no le convertiría en una persona creativa...


Este es un microrrelato que he presentado al concurso organizado por la gente de Tolky Monkys. A ver si con un poco de suerte me reporta un par de pares de camisetas.. Y si no, pues mira, por lo menos estoy volviendo a escribir, que no está nada mal...

martes 14 de octubre de 2008

Brevísms - Historias para enviar por móvil

"Sólo una vez fui al futuro. Y allí podré comprobar lo mal que usábamos los tiempos verbales."

martes 7 de octubre de 2008

Estrecheces y brevedades

CEGUERA

Empezaba a recuperar la visión. De entre la oscuridad iban surgiendo poco a poco las siluetas y colores de lo que le rodeaba: el horizonte, la costa elegantemente recortada en las rocas, las mesas en aquella terraza, el rostro de Julia coloreado por el sol... Las formas cobraban sentido mientras se mentalizaba de no volver a mirar directamente al sol hasta que el anochecer no estuviera más cercano. Le molestó perderse aunque sólo fuera un instante de aquella tarde. Unos segundos de ceguera y algo podría haber cambiado. Quería estar pendiente de cada pequeño gesto, de cada insignificante cambio.

Como, por ejemplo, la puta mosca que llevaba todo el tiempo revoloteando y que aprovechó el momento de deslumbramiento para colarse en su vaso de horchata!!

TARDE

Tras ese último esfuerzo se dio cuenta que de nada servía seguir corriendo tras el autobús... Cinco pasos, cuatro pasos, tres pasos, dos pasos, un paso, medio paso... Levantó la vista para verlo por última vez. Aunque de nada le valía el recuerdo del autobús, si no era desde dentro. Tiró las flores a la papelera, mientras imaginaba lo que su vida había cambiado sólo por salir de casa dos minutos tarde...

IMPORTANCIA

Los cinco euros que me quedan en la cartera. El papel que acabo de pisar. La corriente de aire que sale de la estación del metro. Las miradas que se cruzan más de dos segundos. Quitarse el pijama para dormir. Ponerse primero el calcetín derecho. Que tu autobús no llegue a su hora. Teclear dos veces la misma palabra palabra. No saber sobre qué escribir. Poner frases sin pensar...

La importancia no depende del asunto, depende del momento.

sábado 27 de septiembre de 2008

EL CUENCO SIN HACHAS

Javier entró en la habitación y se quedó boquiabierto.
No se esperaba encontrar el cuenco vacío.

¿Quién se podría haber llevado la última hacha de allí?

¿Y para qué?
María no había venido aún de la estación, por lo que ella no había sido.
Y sin embargo él estaba convencido de no haberla cogido.
Nadie más había entrado en aquella habitación desde hacía días.
Y ayer mismo Javier había visto aquella hacha reluciente, con su mango de madera de pino en aquel cuenco.

Salió de la habitación.

Volvió a entrar. El cuenco seguía allí.
Pero no el hacha.

Salió de la habitación.
Se sentó en el sofa.

Pensó.


Y pensando descubrió que nunca había tenido hachas en ese cuenco.
Es más, ni siquiera era un cuenco.

Era un calcetín.
Era un calcetín viejo.
Era un calcetín viejo, sucio.
Era un calcetín viejo, sucio y arrugado.
Era un calcetín viejo.

Un calcetín viejo.


Tampoco conocía a ninguna María.

Incluso dudaba que él fuera Javier



En realidad, él era un florero.



Fue el último día que fumó de aquello.

miércoles 24 de septiembre de 2008

JOSEPH RAVEN’S NIGHT

"¡Profeta! Exclamé-, ¡cosa diabólica!
¡Profeta, sí, seas pájaro o demonio!
¡Por ese cielo que se curva sobre nuestras cabezas,
ese Dios que adoramos tú y yo,
dile a esta alma abrumada de penas si en el remoto Edén
tendrá en sus brazos a una santa doncella
llamada por los ángeles Leonora,
tendrá en sus brazos a una rara y radiante virgen
llamada por los ángeles Leonora!"
Y el cuervo dijo: "Nunca más."

"Nunca más volveré a probar el José Cuervo" me repetía una y otra vez, mientras cada palabra martilleaba las paredes internas de mi cabeza. Todo daba vueltas en mi habitación, pero mi mente se mostraba más lúcida que otras veces. Estaba borracho, de eso no había duda. Pero de alguna extraña forma, podía encajar mis pensamientos, a pesar de que podía sentir como cada una de mis neuronas entraba en mi cerebro, cual enjambre de abejas. En semejante estado no podía dormir, alterado por varios pensamientos. No sé qué resorte se debió activar dentro de mi cabeza, pero había empezado a recitar mentalmente "El cuervo", modificado y simbiotizado con mis propios recuerdos:

- "¡Apura, oh, apura este dulce tequila y olvida a tu ausente Leonora!".

Más de veinte minutos tardé en sustiuir a Leonora por Susana. En ese momento, recordé la razón por la que abrí esa maldita botella. Susana la ausente. Susana la añorada. Después de todo, la poción etílica no había surtido efecto. Los recuerdos estaban más frescos que nunca, y al agitarse dentro de mí me clavaban sus púas, recordándome que todo podría haberse arreglado con un poco más de atención por mi parte. Como aquellas macetas del balcón, que nunca regaba, y un día descubrí irremediablemente secas. Algo así me había pasado con Susana. Un poco más de cuidado, constantes riegos, una pizca de abono de vez en cuando... y Susana seguiría conmigo. Aquí. En esta casa que ahora estaba tan sola...

Y silenciosa. Por primera vez descubrí el silencio. Entre las paredes de mi habitación no se oía nada más que los ecos de mis remordimientos. El sonido del agua correr por las tuberías me apartó de estos pensamientos. Estas paredes son tan finas... Me dio la impresión que si me concentraba, podía saber incluso qué había cenado la persona que acababa de tirar de la cadena... ¿pero qué tipo de borrachera era esta? No lo soportaba más. Me levanté, en busca de los últimos tragos del dorado licor. Y al entrar al salón el recuerdo de Susana me volvió a asaltar. Por un momento tuve la sensación de que aún seguía ahí. Me serví un buen vaso de José Cuervo.

Al día siguiente me sentía mejor. Haber estado toda la noche torturándome me sirvió de escarmiento. Desde entonces, tome una determinación: esa fue la última vez que le ponía nombre a una planta de interior...

¿Y desde cuando Susana es un buen nombre para un geranio?

jueves 18 de septiembre de 2008

PREGUNTA

- ¿Te puedo hacer una pregunta?

- Dime.

- ¿Eres feliz?

- ¿Feliz? En mi situación es difícil de saber. Es verdad que he tenido momentos mejores, pero también lo es que no hay nada que me garantice que mañana vaya a estar mejor que hoy. Comparado con ayer, se podría decir que no soy feliz, pero ¿con mañana? No lo sé.

- ¿Crees que depende de eso? ¿Que uno es capaz de decir si es feliz o no, sólo comparándose con cómo está, o con cómo podría estar si le hubiera pasado esto o aquello?

- Seguramente no todas las veces. Pero a mí, sólo pensar que podría estar peor me suele alegrar.

- Te alegra, pero no te convierte en una persona feliz. ¿Sabes? Yo creo que uno no puede decir nunca, objetivamente, que es feliz. Podemos sentirnos bien por algún aspecto concreto. Cuando estás bien con tu chica, por ejemplo, crees que eres feliz, pero ¿cuanto dura? ¿Cuánto tiempo suele pasar hasta que te das cuenta que hay otras cosas en la vida que no te hacen feliz? Un trabajo desagradable, una hipoteca rabiosa, un mal partido de tu equipo... La vida se compone de muchas cosas y, salvo en el raro caso que todo te vaya exactamente como tú quieres, siempre habrá algo que te haga infeliz. La traducción en ese caso, es que no eres feliz. Asúmelo, siempre habrá algo que no encaje, algo que puedas mejorar.

- A eso se le llama "espíritu de mejora".

- Y una leche. Eso, a lo sumo, será inconformismo. Vamos a ver, en este momento de tu vida, ¿crees que todo, completamente todo, te va bien?

- Hombre, tiene gracia que me preguntes tú eso... pues es evidente que no.

- Luego no eres feliz. La felicidad no existe. La felicidad es una palabra que un día se le ocurrió a alguien, y como le pareció una palabra bonita, le dio ese significado para que la gente la siguiera usando. Pero no existe. Es mentira. Vive con ello.

- Creo que te equivocas. Si eres tan capaz de distinguir la infelicidad es porque en algún momento has sido feliz. Y es ese tu error. Crees que la felicidad es una actitud ante la vida. Algo inamovible, perenne. La felicidad es felicidad por el simple hecho de que no dura. La felicidad hay que currársela. La tienes que buscar porque, aunque en pequeñas dosis está ahí, esperándote en un rincón. La mayoría de veces tienes que subirte los pantalones por la rodilla y meterte en la mierda para encontrarla. Pero está ahí. Agachate y busca. Seguro que algo encuentras. Dure lo que dure, y se deba a lo que se deba, mientras te haga sentir bien, a eso se le llama ser feliz. A tu alrededor hay mierda, sí. Pero ¿qué más da?

- Una cosa... esto... Es que no me has dicho tu nombre aún.

- Que descortés por mi parte. Me llamo Ernesto.

- Pues, Ernesto, ¿sabes que a pesar de ser un atracador hijo de puta, haber dejado a mi novia inconsciente de un golpe y estar encañonandome con un pistolón que parece el de Harry el Sucio, me estás empezando a caer bien?